Dejar de fumar
Tengo un mes sin fumar. Suspendí de golpe el consumo de más de una cajetilla diaria. Ha sido un cambio drástico, de los más. Los cambios drásticos no surgen de la nada. Mucho menos de la convicción tenaz. No. Los cambios drásticos son impuestos. Son efecto de eso que algunos llaman causalidad y que yo llamo, quizás sólo para sentirme más víctima y menos responsable de mis actos, una divina arbitrariedad.
Contra lo indicado, sigo visitando las tiendas donde me abastecía de cajetillas. No compro cigarros, compro chicles o botellas de agua. Quizás intento engañar a mi estupefacto cerebro haciéndole creer que algunas rutinas, las más enraizadas, siguen existiendo. El cerebro es un órgano muy infantil.
No puedo dejar de sentir una nostalgia muy honda por ciertas rutinas. Es increíble lo que acabo de decir: nostalgia por la rutina. Claro, hay rutinas que suministran placer. Después de la comida. En el traslado a casa o a la oficina. Mirando llover. Leyendo. Tomando un café. Aguardando que el semáforo se ponga en verde. Contrarrestando el nocivo efecto de la lectura del periódico. En fin.
Intento de muchas formas hacerme a la idea de que dejar de fumar es, además de todo, una forma de placer. Poco consigue el discurso amedrentador de los médicos. La evidencia científica sobre el irreversible deterioro de los pulmones que ocasiona el tabaquismo no me era extraña. No suspendí el consumo de cigarro a causa de la razón. Fue un cambio drástico, una divina arbitrariedad. Nada más.
Por eso intento hacerme a la idea de que no fumar entraña placeres desconocidos u olvidados para quienes fuman. Empiezo (aún es muy pronto) a percibir algunos: he recuperado algo de capacidad olfativa y gustativa. Los sentidos son mucho más persuasivos que la razón. El cigarro, pienso, me había apartado del olor a tierra y del sabor del buen vino. El cigarro te somete a un régimen masturbatorio que te aísla. El fumador es un autista. El que ha dejado de fumar es alguien que intenta vincularse de nuevo con el mundo, especialmente consigo mismo.
