Sobre El túnel
Algo que me agrada mucho de la novela El túnel es que parece haber sido escrita siguiendo un itinerario perfectamente delineado, de forma tal que el narrador sólo se entretuvo dilatando los detalles de los hechos que habían sido previstos con antelación. Me da la impresión de que no tenía que escribir y al mismo tiempo pensar qué escribir. Sólo escribía.
Me agrada eso de El túnel porque es algo que anhelo. Quisiera sentarme a escribir resueltamente sin preocuparme por el destino del viaje que emprendo. Sin embargo, también sé que esa es una idea absurda y peligrosa. Es absurda porque supone que la historia y el modo en que está escrita son dos cosas separables e independientes, y es peligrosa porque entraña un riesgoso deseo de dependencia.
Es como si quisiera que alguien más me dirigiera, me ahorrara el trabajo de decidir qué escribir y me confinara al vacío de la forma. ¿No es escribir un acto de libertad? Sí, es un acto de libertad, y toda libertad cuesta. La libertad, como la verdad, duele.











