Emociones
Comprendo que cada cual experimente diferentes emociones ante un hecho. Nadie ha decretado que frente a un acusado todos debamos sentir lo mismo: alivio, asco, indignación o pena. También entiendo que la forma más fácil de producir emociones distintas es promulgando inútiles leyes para regularlas.
Eso no impide, sin embargo, que frente a ciertos sucesos, un grupo más o menos identificado experimente una emoción más o menos parecida. Por eso los tumultos, las movilizaciones, la turba. Por eso los hinchas del equipo de futbol, los creyentes de las peregrinaciones, las largas filas para asistir al concierto o al estreno de la semana.
Uno ve eso, las expresiones de solidaridad o repudio, la aparentemente espontánea afinidad colectiva, y piensa que quizás sí es posible igualas las emociones. Los publicistas, los ideólogos, los comunicólogos y los políticos, entre otros, representan al gremio de pastores de emociones. Sus resultados a veces sorprenden, aunque casi siempre son fingidos, lo cual es tanto como decir que son exitosos.











