De Juan Domingo Argüelles
Para quienes viven este mundo con una mentalidad tecnocrática y autosatisfecha hay un desdén absoluto por lo que no conocen, y no creen en nada que no tenga que ver con sus manuales teoréticos; no les importa saber cómo es la realidad; su utopía es que la realidad, sea cual fuere, se adapte y se acomode a sus teorías. Pero quien ignora la realidad, lo ignora todo, por mucho que frecuente las hipótesis. No basta con leer en los libros; hay que leer en la realidad. Y, como dijera Fernando Savater, el verdadero afán liberador de la lectura es leer para reflexionar y entender mejor lo que somos, no quedarnos en la superficie de la letra impresa que es letra muerta mientras no integremos la experiencia de leer al mundo que nos circunda, siempre imperfecto, siempre sorpresivo y cambiante, pleno de espontaneidad y voluntad, resistente a la coacción y a la infalibilidad, como la vida misma.
