Amarok, de Oldfield
Entre las mejores, sin duda, Amarok, de Mike Oldfield. La música convertida en escenografía de la imaginación. Podría decirse, acaso con alguna razón, que el estilo es repetitivo, como suele reprochársele (sin razón), pero también es cierto que, como aducen los chamanes y ciertos intérpretes de melodías rituales, la música sirve para inducir y dar cadencia a variadísimos estados de conciencia y modos de disfrute. La música es placer.
Además de ser una composición que, de acuerdo a la Wikipedia, desafió a la compañía Virgin Records por intratable e indefinible en los términos que la industria entiende y acepta como más sencillos y comerciales, resulta ser interesante por emplear una formidable cantidad de instrumentos musicales, no sintetizadores, además de sonidos de juguetes, de cucharas, de zapatos entre otros.
La primera ocasión que la escuché vivía en Vancouver, Canadá. Acompañó mis largas y muy frecuentes caminatas por Cambie Street, Robson Street, Stanley Park y por otros lados, algunos de los cuales, curiosamente, revisité cinco años después para proponerle matrimonio a María Elsa.
De aquella época recuerdo todo, tan detallada y cartográficamente como puede un hombre recordar, gracias a Amarok, a sus ascensos y descensos, a sus esplendores y rotundidades. Amarok es una condensación musical intensísima.
Muy, muy recomendable












Qué onda primo. Andaba de huevón (qué raro) paseando por internet y fue una buena sopresa toparme con tu blog. Ya está entre mis favoritos. Te dejo la dirección del mío por si algún día quieres caerle. Saludos a la familia.
www.poraquiteveo.blogspot.com
Comment by Eugenio Guzmán Lombard — May 5, 2008 @ 9:41 pm