De Sarah Boxer

February 28, 2008

La mayoría de los bloggers no escribe mucho que digamos. Son más bien empresarios, curadores o redactores recogiendo cosas que encuentran en línea, cayendo ocasionalmente en un titular gracioso o agregando un comentario sarcástico (léase irritable y chismoso). Algunas veces, lo único original que puede uno leer en un blog es el equivalente a “Lean esto… Echen un vistazo… Pero, en serio, esto es inaceptable… ¿Pueden creer esto?”.

De autores II

February 25, 2008

La feria del libro es una extraordinaria oportunidad para conocer, en su hábitat, a ésos y otros autores: la fauna autoral, sus hábitos alimenticios, sus enemigos naturales y sus patrones de comportamiento. Porque, a pesar de todo, el autor, especialmente el autor no consagrado que ha amenazado a la humanidad con conservar inédita su obra, es un ser social. Requiere de la existencia de un potencial lector al cual rechazar o ante quien pueda conducirse con paradigmática indiferencia. El fetiche del autor no consagrado (y me viene a la mente la imagen del autor-repugnante) es un lector ansioso o por lo menos intrigado. En el fondo, aventuro, el autor no consagrado no aspira a consagrarse como autor sino a ser un personaje anónimo de una obra imaginaria. Algo así como el personaje ambiental o secundario de las películas o de las telenovelas. A diferencia de lo que postuló Foucault, para quien el deber de escribir es un deber vacío, los autores no consagrados llevan ese vacío a sus propias existencias, olvidando el deber y el escribir.

De autores I

February 18, 2008

En la penúltima edición de la feria del libro de Monterrey por poco tropiezo con un tipo chaparro y bigotón que parecía muy dispuesto a intercambiar puñetazos: Paco Ignacio Taibo II. Iba a presentar su libro del Che. Y también vi, más de lejos, a Volpi, autor de un libro que me agradó: En busca de Klingsor. Platicaba muy cordialmente con Palau. Luego más adelante (o más tarde), me hallé con un grupo sorpresivamente numeroso que ocupaba una sala reservada para Guadalupe Loaeza, autora de un libro que mi esposa considera respetable sólo porque yo se lo sugerí.

A esa feria del libro también asistieron otros autores. Quiero decir, autores que no entran en la ornitorrinca categoría de consagrados o populares. O que lo son (consagrados) pero a su muy solipsista manera. Un amigo solía decir que sólo había dos clases de autores: los que eran más famosos que sus libros, y los que no eran famosos ni lo eran sus libros. Él, que admiraba el desprecio de Ibargüengoitia por lo pretencioso, se esmeraba en convencer a los demás de que todo autor constituye una farsa. Una vez me dijo: el día que se refieran a mí como autor, mátame. Se lo juré a cambio de un cigarro. En aquel entonces yo fumaba mucho y él imaginaba muchos libros y me los contaba. Que yo sepa, nunca ha publicado nada.

Así como ese amigo, que sigue convencido, acaso más radicalmente, de la originalidad de su condición como no-autor, vi otros muchos entre los pasillos de la feria del libro. Los había de pelo teñido, de pelo largo, relamidos, despeinados, calvos y rapados. Solemnes, lúgubres, como propietarios de una verdad vergonzosa o de un dolor estomacal tremendo, se hacían notar por efecto de una fuerza gravitacional intensa y triste que podría traducirse en: lo sé, no tengo talento. Su enloquecida convicción de que son autores o autoras aunque no lo sean resulta cuando menos penosa. Alguna vez quise recomendarle a mi amigo, el que me contaba sus libros, una buena terapeuta. No lo hice porque mi amigo era muy generoso con sus cigarros.

Otra de Pedro Paleolítico

February 12, 2008

Son un grupo muy fácilmente identificable de personas para quienes la vida es una secuencia interminable de farsas. Para esas personas la realidad es dolor, es perdición, es maldad, es la irrefutable confirmación de los peores augurios. La explicación de su infelicidad no son ellas mismas: es el mundo. Su interlocución con el mundo es siempre un desafortunado comercio de lamentos y reproches. Son la tristeza furibunda del mundo. Por más que se lo propongan, su alegría es siempre fingida. Su alegría es una ruina sostenida con rencor. Su bilis negra está presente en muchos ámbitos de la vida en nuestros días. Ellas son también el mundo. Su visión de la vida es muchas cosas excepto original. Es la propensión al fatalismo, la versión tras bambalinas de la vida, la ausencia de cosméticos, la versión “no-editada” de las cosas. Son un ejercicio perpetuo de desmitificación. Víctimas de su propio desengaño, prevalece en su ser el deseo de abrir todas las gavetas donde se oculte “la verdadera historia de las cosas”. Son la enciclopedia de la desilusión. Lo que las hace ser lo que son es su incapacidad para aceptar y superar su propio desengaño. Nadie discute, creo, la pertinencia de interrogar al mundo. Pero hacerlo con esa inquina, con esa insistencia obsesiva, sólo es comprensible en quienes viven aprisionados por un régimen auto-crítico excesivo. Deberían obsequiarse a la fábrica de orgasmos que es su propio cuerpo, aunque fuera ocasionalmente.

De Bertrand Russell

February 7, 2008

Los expertos prácticos que emplean la técnica científica, y todavía más los Gobiernos y grandes firmas que emplean a los expertos prácticos, adquieren un espíritu muy diferente al del hombre de ciencia: un espíritu lleno del sentido de un poder ilimitado, de certeza arrogante y del placer de la manipulación hasta del material humano. Este es el reverso del espíritu científico, pero no puede negarse que la ciencia ha ayudado a desarollarlo.

Autor sin saber escribir

Como ha recordado Fernando Escalante en su estupendo libro sobre los libros, en la nueva industria editorial se puede ser autor sin saber escribir.

De Blanchot

February 5, 2008

Escribir ha hecho de mí una sombra, para hacerme digno de la oscuridad.