De autores II
La feria del libro es una extraordinaria oportunidad para conocer, en su hábitat, a ésos y otros autores: la fauna autoral, sus hábitos alimenticios, sus enemigos naturales y sus patrones de comportamiento. Porque, a pesar de todo, el autor, especialmente el autor no consagrado que ha amenazado a la humanidad con conservar inédita su obra, es un ser social. Requiere de la existencia de un potencial lector al cual rechazar o ante quien pueda conducirse con paradigmática indiferencia. El fetiche del autor no consagrado (y me viene a la mente la imagen del autor-repugnante) es un lector ansioso o por lo menos intrigado. En el fondo, aventuro, el autor no consagrado no aspira a consagrarse como autor sino a ser un personaje anónimo de una obra imaginaria. Algo así como el personaje ambiental o secundario de las películas o de las telenovelas. A diferencia de lo que postuló Foucault, para quien el deber de escribir es un deber vacío, los autores no consagrados llevan ese vacío a sus propias existencias, olvidando el deber y el escribir.











